Viernes 28 de octubre

Aunque llegamos tarde, coincidimos con algunos compañeros del viaje a China en la cena de celebración de la Confirmación de Mateo, hablamos de la Odisea de Ulises.

Al entrar en la casa de Flor de Melocotón siempre tengo la sensación de que nos recibe Peter.

Wilma ha puesto nuestros nombres en la puerta de cada una de las habitaciones, hacemos las camas y al poco nos acostamos, el silencio del campo.

Sábado 29 octubre

Antes del amanecer, un placer estar en el establo de la tranquilidad, fresquito calorcito. Todo resulta familiar en torno al orden del día. Las convivencias en Flor tienen desde el principio un aroma rotundamente zen, en mi caso lo redescubro preparando la mesa para el desayuno y después lavando los platos. No son unas vacaciones en hotel con baño en el que te atienden, aquí es vivir y convivir de verdad, servir sin fingir, entregarte a la realidad.

El tema elegido para la convivencia –ponerse de acuerdo- responde a una frase repetida por Peter: “Pónganse de acuerdo”. Sobre su significado y sentido van a girar las tertulias, los comentarios, las sobremesas, los paseos: ponernos de acuerdo

Guillermo

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Envidio a Pilar, ella va a estar los cien días en la casita de Flor de Melocotón, que es la primera vez que se va a mantener tanto tiempo abierta, y ella va a poder compartir múltiples vivencias con todos los que allí vamos, hará las respis junto al altar, tai chi en el patio o en el campo, estará de aquí para allá.


Cuando estuve allí me gustó ver y mirar la cara de Pilar, de Nacho, de Daniel, de Li Yin, de Manuela, de Mateo, de Marcos, de Juanito, de María José, de Francisco (Paco, Cisco), de Marisol, y de Javier, sentir que todos somos hermanos de verdad.


Me gustó que se haya puesto wifi en la casa, resulta agradable que en medio del campo le pueda llegar por ejemplo, desde Suiza, el video de la actuación de danza que había realizado horas antes la hija de Francisco, que estaba con nosotros, y que pudiéramos compartir en la distancia la emoción de ese momento, algo que todos valoramos y disfrutamos.


Me gustó que subiéramos con Juanito a la montaña de la ermita de Altura, desde la cual se ve el mar, y desde donde se aprecia la bella ubicación de Flor, cerca del pinar, en un hermoso valle.


Me gustó pasear por Teruel una tarde festiva, que buscáramos todos sus torreones, comer un dulce junto al torito, y hasta constatar que allí también nos podemos perder. También ir al outlet de Adidas que había en el camino.


Me gustó mucho recibir un golpe de energía en la voz de Peter, a través de las grabaciones de las charlas en los primeros 100 días que realizó. He de reconocer que me conmovió al principio, una vez superado pude sonreír con su particular manera de preguntar y contar, y la profundidad de sus palabras, un tesoro que debemos trabajar.


Me gustó poder dirigir la tabla, repetir todas las mañanas y tardes de esa semana la misma secuencia de la serie, y que se nos olvidara el tiempo y estuviéramos más de hora y media moviendo todo el cuerpo flexible, lejano, suave y redondeadamente y así interiorizar los principios a seguir en la vida.


Me gustó cocinar, hacer torrijas, sopa ramen, alcachofas, paella, caballa a la plancha, ensaladas, que elaboráramos una barbacoa familiar al aire libre, cenar pato en el chino de Segorbe e ir después al toro embolado.


Me gustó que quitáramos todos los hierros que aún quedaban en el campo, retirar la alfombra del “jardín de las doncellas de jade” (como lo llama Ade), subir a la terraza, tumbarme bajo el nuevo techo del establo.


Me gustó los calentamientos, con Manuela acariciando “las comisuras de los labios,” o con Marisol, en el que se nos fue la cabeza, y gritamos el complicado aullido de Tarzán, o el de Chita, o el rugido del león, o los cantos de los de la tribu de la selva …Y reírme, y reírte y reírnos.


Me gustó rezar el rosario anocheciendo, la atención de María José al paso de las cuentas, la lectura del evangelio, todos los salmos. Ay, me gustó encender las estufas de la casa, escuchar el crepitar del fuego, notar ese calorcito interior por todos lados.


Tratamos muchos temas, para mí era (y es) muy importante el del wu wei, en su definición como “actuar en la no acción”. Estoy cansado, dije, de “no actuar en la acción”, es decir, el vivir en el montaje del “hacer, hacer, hacer para no hacer nada”, ¿no será mejor no hacer, no hacer, no hacer, para hacerlo todo?


En fin, envidio a Pilar porque estuve la pasada semana una pequeña parte de los cien días y volví transformado, renacido, con la sensación de que un corto espacio de tiempo había servido para cambiar mi vida, ¿Qué será un poco más?

 

Guillermo